domingo, 25 de junio de 2017

03/30 – “En la raíz de la palabra se juegan varios amores, pero también un sombrío color parecido a las banderas de una batalla perdida” Roberto Juarroz.

Sigo en mi maravilloso trabajo de teleoperador. Ya llevo más de cinco años. Falta de ambición personal, conformismo, ir solo tres días a la semana y tener el resto del tiempo libre, no sé, estoy atrapado ahí y no tengo energía para escapar. Al principio me hacían gracias las llamadas surrealistas que recibía, incluso llegué a pensar en escribir un libro recopilándolas, en plan “Cosas raras que se oyen en las librerías”, pero al cabo de unos meses el tedio, la extenuante repetición de las mismas llamadas una y otra vez, me impidió progresar en mi factótum literario.

Pero a pesar del tiempo trascurrido siempre hay lugar para la sorpresa y como bien indicaba Einstein: "Dos cosas son infinitas: la estupidez humana y el universo; y no estoy seguro de lo segundo". Ayer, por ejemplo, debía ser la una de la madrugada cuando salta la llamada y una mujer con tono perentorio me exige que le ayude y limpie de hackers su teléfono. Yo intento centrar un poco el tema y le insisto en que me dé más detalles del problema. Según ella alguien le ha cambiado el tono de la llamada y ahora se dedica a llamarla todos los días de madrugada, siempre a la misma hora.

-        Disculpe Carmen –le pregunto-, pero, ¿cuándo coge la llamada suena algo, le responde alguien?
-        ¡NO! Se cuelga –me contesta apesadumbrada-, por favor tienes que ayudarme, estoy sola en casa…
Yo me quedo un rato pensando en por qué Carmen, que tiene prepago, se cree tan importante para que unos hackers le hagan bromas pesadas. Observo a mi alrededor, todos mis compañeros en sus pequeños cubículos, imbuidos en sus llamadas, alienados, destruido nuestro tiempo, nuestra juventud, más allá de esto, ¿qué queda?
-        ¡¿Sigues ahí?! Por favor haz algo…
-        Bueno, sí, claro, estaba comprobando la línea, pero no parece que haya nada raro…
-        ¡Pero lo hay! -tengo que bajar el volumen de la llamada porque me habla casi a gritos-, incluso he apagado el teléfono, ¡y me siguen llamando!
Al escuchar eso me percato de qué sucede…
-        Pero Carmen, si el teléfono estaba apagado, entonces no te está llamando nadie, es imposible que se encienda solo, ¿no podrá ser una alarma que hayas puesto, y por eso el tono es diferente y siempre suena a la misma hora?
Silencio en la línea, casi puedo ver, como en los dibujos animados, las ruedecitas de su mente girando muy, muy lentamente.
-        Lo miraré –me contesta balbuceante-, pero me da la impresión de que no has querido ayudarme en nada.
Y con esas últimas palabras cuelga indignada.

Algunos dirán que uso anécdotas de mi pequeño microcosmos para concluir, en plan reduccionista, que la sociedad está llena de gilipollas y que los demás somos víctimas de sus excesos. No. La pereza mental es endémica en el ser humano, puedes añadir la falta de ridículo, de educación o cultura, pero la sociedad nos empuja en esa dirección, nos alienta a convertirnos en mercancías intercambiables y sonámbulas. Con los años hasta los libros pueden convertirse en tu enemigo. Hay que morir como ríos, no como gotas, pero cuando se trata de sobrevivir, ¿quién quiere ser lúcido en el vertedero? 

Black Celebration – Depeche Mode
Let's have a black celebration
Black Celebration
Tonight

To celebrate the fact
That we've seen the back
Of another black day

I look to you
How you carry on
When all hope is gone
Can't you see

Your optimistic eyes
Seem like paradise
To someone like
Me

I want to take you
In my arms
Forgetting all I couldn't do today