martes, 23 de mayo de 2017

Si albergas cierto respeto por el arte nunca cambies la honestidad por el reconocimiento.

Toda forma de posesión es causa de muerte espiritual. Los dos mayores sabios de las postrimerías de la Antigüedad: Epicteto y Marco Aurelio, un esclavo y un emperador.

Muchas personas consideran que confortablemente instalados en el sofá de su salón y a través del televisor pueden informarse seriamente. Es un error mayúsculo por tres razones: primero porque el telediario está estructurado como una ficción, no está realizado para informar, sino para distraer. A continuación porque la sucesión rápida de noticias breves y fragmentadas producen un doble efecto negativo de sobreinformación y desinformación. Y tercero porque querer informarse sin esfuerzo es una ilusión. Informarse cansa, y a este precio cada uno de nosotros adquiere el derecho de participar inteligentemente en la vida democrática.

Agotados por el trabajo, horrorizados por el paro, angustiados por el porvenir, hechizados por la televisión, aturdidos por los tranquilizantes, los ciudadanos sufren un adoctrinamiento constante, invisible, y clandestino.

Cualquier anuncio es una puesta en escena, una mitología incluso, de gente muy guapa comiendo, consumiendo, comprando mientras ostenta una felicidad de éxtasis. No se hacen afirmaciones directas, son los espectadores quienes proyectan o deducen. Un anuncio puede gustar o no gustar, no se puede refutar.

Somos tan frágiles como un pájaro al que sacan de la jaula y no sabe qué hacer. La idea es el torniquete de las palabras. Sangra. Sangra. Sangra. La escueta urgencia del reloj, el sordo crepitar del tiempo, como un haiku, como una irremediable pérdida de tiempo, como un autobús perdido.

Sócrates afirma que una vida sin cuestionamientos, sin hacerse preguntas, no merece la pena vivirse. La sabiduría es la máxima felicidad dentro de la máxima lucidez. No es tanto un absoluto como un proceso.

Simone de Beauvoir tras la muerte de Sartre: “Su muerte nos separa. Mi muerte no nos unirá. Así es; ya fue hermoso que nuestras vidas hayan podido estar de acuerdo durante tanto tiempo“.

La existencia se compone en un tanto por ciento muy alto de fracasados que se disfrazan de personas felices y de perdedores que con sus harapos ponen un punto de realismo en la ceguera.

La vida oscila como un péndulo entre el dolor y el hastío. Sufrimiento porque deseo lo que no tengo y sufro esa carencia; aburrimiento porque tengo lo que desde ese instante ya no deseo. Frustración o decepción. Sufrimiento o aburrimiento. Inanición o inanidad.

El Leteo amniótico de un vaso de vino, a oscuras, sentado al borde mí mismo junto a mi tristeza rutinaria, mientras brotan, ahí afuera, las rosas que adornarán mi tumba. Resuena la claqueta, ya no hay focos; ¿dónde están las vidas que perdí?

Masturbarse mecánicamente, como quien suelta el hilo de un sentimiento que se eleva cadencioso, como un viejo y turbio poema de Baudelaire.

lunes, 22 de mayo de 2017

Salvar al soldado Sánchez (II)

He de reconocer que tengo cierta debilidad por Pedro Sánchez, por estas historias de David contra Goliat, por esas personas que, de un modo u otro, con un baraka indescifrable consiguen salirse del guion trazado, del lugar que los demás les han asignado. Hace ya varios días que quería escribir algo sobre él, aportar mi granito de arena, analizar el debate del pasado lunes, los resultados de los avales, indicar que había mucho voto oculto, que la militancia estaba muy harta, que, a fin de cuentas, cuando Pedro Sánchez dijo aquello de echarse a la carretera, horas después del golpe palaciego, todos sabíamos que resultaría muy difícil, casi imposible, que no tenía dinero, que la gestora alargaría los plazos todo lo que pudiera –ocho meses-, y que su figura se iría desvaneciendo poco a poco; pero sin embargo, con mucho esfuerzo y un crowdfunding que intentaron boicotearle, consiguió que su mensaje calase entre la militancia, que aquel mantra tan simple pero efectivo “no es no” empezará a movilizar el descontento. Ha demostrado que los barones, con su nepotismo rancio, estaban desconectados de la realidad de su militancia.

Como decía, ahora es fácil argüir que había elementos de juicio para pensar que Pedro tenía posibilidades, sobre todo después de los avales, pero pocos creían que pudiera conseguirlo y además con tanta diferencia. Pero es que su carrera política está llena de resurrecciones, en 2003, iba en el puesto 23 de la lista del PSOE al Ayuntamiento de Madrid, y el PSOE consiguió 21 escaños… pero en 2004 dos concejales salieron y Sánchez no solo se convirtió en edil, sino en uno de los puntales de la entonces jefa municipal socialista, Trinidad Jiménez. En las elecciones generales de 2008, Sánchez ocupaba el puesto 21 de la lista socialista al Congreso de los Diputados. El PSOE sacó 15 escaños… hasta que en 2009 se había movido tanto la lista con nombramientos del Gobierno de Zapatero que Sánchez no solo entró en el Congreso, sino que incluso era elegido por los periodistas como diputado revelación del 2010. En las elecciones generales de 2011, iba el undécimo en la lista socialista por Madrid al Congreso. El PSOE sacó 10 asientos, y Sánchez se volvió a la universidad y se dedicó a preparar su doctorado… hasta que en 2013 se corrió de nuevo la lista y volvió de diputado al Congreso y a tener un papel relevante en la conferencia política con la que ese otoño el PSOE intentó reinventarse con el empuje y el freno de Rubalcaba.

En 2014 iba a ser arrasado por Eduardo Madina en la votación directa entre los militantes socialistas para elegir a su secretario general… pero no, fue él quien arrasó. El 20 de diciembre del 2015, con los pobres resultados electorales del PSOE humeantes, Susana Díaz y algunos otros barones socialistas lo iban a matar, pero no, sobrevivió. El Comité Federal socialista de enero también parecía que iba a matarlo, pero tampoco. Pablo Iglesias y su sonrisa del destino lo iban a matar por ahogamiento, tomándolo como presidente del Gobierno cautivo y desarmado… pero tampoco.

            Ahora se enfrentaba a los barones, contra la gestora, contra la mayoría de los medios de comunicación incluida La Sexta (boicot a Ferreras, es un fraude), contra Cebrián, la Banca, Zapatero, Felipe, contra una Susana Díaz crecida que pretendía imponerse sin presentar ni siquiera un proyecto propio, sin programa, creyéndose su propia propaganda, subestimando a afiliados y sobre todo a Pedro. Y ahora resulta que la candidata del “PSOE ganador” ha sido incapaz de vencer en su propio partido. Solo se impone en su propia federación, Andalucía, pierde en todas las demás y en la gran mayoría de las agrupaciones ha conseguido un resultado inferior incluso al número de avales que presentó con su nombre; un indicador bastante claro de hasta qué punto presionó a su favor el aparato. ¿El lugar donde más voto oculto había para Pedro Sánchez respecto a los avales? Es fácil de imaginar: en Andalucía.

            ¿Qué toca ser ahora, Pedro El sabio, o Pedro El vengador? ¿El que aglutine y unifique al partido, o el que empiece dentro de un mes la purga merecida? Sea como sea España vuelve a tener una oportunidad de que la izquierda se una en un objetivo claro: expulsar al Partido Popular de La Moncloa. Ya el tiempo nos desvelará si las ambiciones de unos y otros se vuelven contraproducentes con ese proyecto común.

PD: Interesante artículo de Arsenio Escolar: "El error Susana".

jueves, 11 de mayo de 2017

Murakami - De qué hablo cuando hablo de escribir.

Derramando pensamientos sobre los gritos del papel

Murakami me gusta por su tono pausado, por su lirismo aséptico, por la musicalidad en su estilo, por sus frases cortas y la forma zen con la que plasma la psique de sus personajes y su visión del mundo. Hace unas semanas me compré su nuevo libro: “De qué hablo cuando hablo de escribir”. Una interesante autobiografía como escritor y el arte de escribir. Su disciplina es levantarse temprano, termo de café y ponerse como reto escribir diez páginas todos los días, tarde lo que tarde. Indica que, por ejemplo, su primer borrador de Kafka en la orilla tenía mil ochocientas palabras, seis meses de trabajo. Cuando se termina la primera escritura Stephen King recomienda dejar reposar el borrador un par de meses, sin embargo Murakami apenas descansa una semana antes de empezar una de sus múltiples reescrituras. Creo que el motivo es que le resulta más divertido escribir sin una escaleta, sin saber muy bien hacia dónde van sus personajes, improvisando. El problema es que el texto se presta a muchas más contradicciones, a que haya capítulos que tenga que descartar porque no casan con el tono general de la historia y los personajes. Es como un pequeño rompecabezas al que vas dando forma pero que requiere una revisión completa cada vez que añades o quitas alguna parte.

Supongo que esa continua reescritura casa muy bien con la mentalidad de corredor de fondo de Murakami, pero a otras personas puede llegar a desesperar. Después de varias reescrituras y pulir detalles, descansa un mes. Pasado ese tiempo vuelve a reescribirlo por completo y cuando termina le da el manuscrito a su mujer para que opine, igual que hace Stephen King con su esposa Tabitha. Ella hace sus recomendaciones y aunque no esté de acuerdo reescribe siempre las partes que ella ha señalado. Una vez hecho esto vuelve a pedirle que lea esas partes, y sí a ella la nueva versión sigue sin convencerla vuelve a reescribirlas. Supongo que siempre hay un margen de mejora para todo, uno puede convencerse a sí mismo de haber escrito algo casi perfecto pero siempre es mejorable. Por eso sigue reescribiendo después de entregar el texto a la editorial y recibir las primeras galeradas. Aunque parezca una compulsión descontrolada, porque en este punto hasta él ha debido de perder la cuenta de las veces que ha reescrito el texto, no parece ser el único escritor que opina y trabaja de esa forma, Raymond Carver dijo en una entrevista: “Al fin he entendido que una novela se perfecciona después de releerla, de quitarle algunas comas y volver a leerla una vez más para poner las comas en el mismo sitio donde estaban”. Naturalmente es solo un punto de vista, cada escritor decide cuanto tiempo debe de dedicar a pulir su obra.

De todas formas lo que más me ha gustado es su humildad, como ha sido capaz de encontrar el equilibro entre su gran profesionalidad y su capacidad para divertirse. De mantener una disciplina espartana sin convertirse en un funcionario juntapalabras. Cada vez me resulta más tediosa la idea del escritor atormentado que escribe de pie, que sufre en cada párrafo para ahondar en la presunta honestidad de su herida existencial, del malditismo como carta de presentación, de los tópicos sobre la generación perdida, Kerouac y los beats o la saga de herederos bukowskianos y sus lugares comunes de sordidez alcohólica. La escritura, como cualquier acto de creación, tiene la capacidad de reconciliarnos con nuestras propias contradicciones, de desahogarnos sublimando nuestro caos en un orden comprensible, no solo para nosotros, sino también para el resto del mundo. Ningún lector va a entender completamente las horas de soledad y dedicación que encierran cada frase, cada párrafo, cada capítulo… por eso resulta absurdo renunciar a nuestra cuota de diversión por un afán estéril de rememorar ciertas biografías que deslumbran sobre el papel ajado del pasado pero que no resisten una mirada más cercana y realista. La clave es escribir todos los días, poco a poco, sin esperanza ni desesperanza, y llegar al final del proyecto.

jueves, 12 de enero de 2017

ROSA MONTERO, Historias de mujeres, Alfaguara, Madrid, 1995, págs. 76-79

Simone era altiva y se creía superior a casi todo el mundo. No a Sartre, por supuesto, a quien veneraba probablemente muy por encima de sus merecimientos. Cuando se presentaron los dos, ella con veintiún años, él con veinticuatro, al examen final de filosofía, Sartre sacó el primer puesto y Simone el segundo, pero los miembros del tribunal estaban convencidos de que “la verdadera filósofa era ella”. Sartre siempre fue mucho más creativo, Simone más rigurosa. Probablemente ella hubiera debido dedicarse más al ensayo que a la narrativa (sus novelas son muy flojas), pero, en una de sus pocas debilidades tradicionalmente femeninas, siempre consideró que la grandeza del pensamiento le correspondía a Sartre y que ella ocupaba un lugar subsidiario.

Una vez, estando en pleno y ardiente romance con Nelson Algren, el escritor norteamericano que fue su gran amor de la madurez, Simone le dejó plantado para volverse a Francia: Sartre quería que le ayudara a corregir el manuscrito de uno de sus libros filosóficos. Nada, ni tú, ni mi vida, ni mi propia obra, está por encima de la obra de Sartre, le dijo entonces Simone al estupefacto Algren. Y regresó a París, para encontrarse allí con que Sartre se había ido de vacaciones con su amante de turno. En su entrega, en su aceptación del papel sustancial del hombre elegido (el hombre como el sol, la mujer un planeta), Simone cumplió su herencia cultural, las antiguas normas de su sexo. Pero lo formidable en su caso, lo que hizo que se convirtiera en un nuevo símbolo para la mujer, fue su capacidad para construirse como persona. Se acabaron los antiguos sacrificios femeninos, las ceremonias de autodemolición como la llevada a cabo por Zenobia, la mujer de Juan Ramón Jiménez (también premio Nobel, como Sartre): Simone enseñó que la mujer podía ser por sí misma, además de estar con.

Sin duda, Beauvoir dio ese salto gracias a su ingente voluntad, a su disciplina y a su esfuerzo (de ahí le vino el sobrenombre de Castor: un animalito diligente que no cesa de trabajar y construir), pero también pudo darlo gracias a las condiciones de su época. Simone vivió su adolescencia en los años veinte, después de una guerra, la Primera Mundial, que había acabado con la sociedad del siglo XIX. En Rusia los bolcheviques parecían estar inventándose el futuro, el mundo era un lugar vertiginoso, la revolución tecnológica cambiaba la faz de la Tierra como un viento de fuego. En medio de toda esa mudanza había aparecido un nuevo tipo de mujer, la chica emancipada y liberada, dos palabras de moda. Se acabaron los corsés, las enaguas hasta los tobillos, los refajos; las muchachas se cortaban el pelo a lo garçon, llevaban las piernas al aire, eran fuertes y atléticas, jugaban al tenis, conducían coches descapotables, pilotaban peligrosas avionetas. Eran los febriles y maravillosos años veinte, los crispados e intensos años treinta, tiempos de renovación en los que la sociedad se pensaba a sí misma, buscando nuevas formas de ser. Había que acabar con la tradicional moral burguesa y en el arder de aquellos años se pusieron en práctica todos los excesos que luego volverían a ensayarse, como si fueran nuevos, en los años sesenta: el amor libre, las drogas, la contracultura.

El pulso de la época se manifestaba con toda su intensidad en Montparnasse, el barrio parisino en donde Simone residió toda su vida: por allí habían pasado Trotski, Lenin, Modigliani; por allí anduvieron los cubistas, con Picasso a la cabeza, y los surrealistas (Breton, Aragon), una tropa bárbara y risueña que se dedicaba a reventar funciones teatrales y a darse de mamporros contra los bienpensantes en cenas y actos públicos; practicaban una suerte de terrorismo urbano. La cocaína corría por los bares, se experimentaba con la psicodelia (Sartre se inyectó mescalina en 1935 y anduvo medio loco durante un par de años: decía que le perseguía una langosta por la calle), se tomaba anfetaminas, se bebía mucho. De hecho, el abrupto y prematuro envejecimiento de Sartre debió de tener mucho que ver con sus excesos: desde muy joven se atiborró de anfetaminas y sedantes, todo regado de buen vino. También Simone se excedió con las píldoras estimulantes y sobre todo con el alcohol: cuando murió a los setenta y ocho años tenía cirrosis.

Con todo, y en medio de tanta turbulencia, el mundo era aún muy inocente. Beauvoir y Sartre por ejemplo, siempre tuvieron claro que querían ser famosos (“yo era muy consciente de ser el joven Sartre, de la misma manera que uno dice el joven Berilos o el joven Goethe”) y dedicarse a “salvar el mundo a través de la literatura”. ¿Quién podría creer hoy, en su sano juicio, que la literatura sirva para salvar el mundo, o siquiera que el mundo pueda ser susceptible de ser salvado de ningún modo? La puerilidad del empeño sólo tiene parangón con el nivel de megalomanía que supone. Y es que, en efecto, Sartre y Simone fueron en esto almas gemelas: narcisistas, egocentristas, elitistas, insufriblemente megalómanos. En su novela La invitada, Simone dice de sus protagonistas, que son el calco exacto de Sartre y ella (Beauvoir padecía una absoluta, asombrosa falta de imaginación, y siempre, incluso en sus novelas, hablaba de su propia vida), que ambos “estaban juntos en el centro del mundo, mundo que debían explorar y revelar como misión prioritaria de sus vidas”.

La metástasis del goce.

“Porque el mejor público de una novela, de un poema o de un drama es el que está antes de la escritura, no después; el que viene después ya no es nuestro. Los rostros borrosos y ávidos que imaginamos cernidos sobre la página en blanco como futuros lectores de lo que vamos a escribir ésos son los que forman el mejor público, el que empuja a seguir escribiendo, con o sin éxito. Y es el mejor público porque lo crea nuestra propia compulsión de escribir. En cada línea, el escritor verdadero pone su alma para que aparezca en este mundo un lector inexistente; todo escritor, hasta el más despectivo con lo “popular”, quiere dar nacimiento a un público que aún no se conoce a sí mismo y vive disperso hasta que el libro lo reúne. Cada línea pretende crear un lector compulsivo nacido de la nada, gracias a las frases que se van urdiendo bajo nuestra mano y que muchas veces parecen urdirse solas. Si la línea ensarta un lector, la bella página cubierta de líneas ha hilado un público. Un público que no es ni de hoy ni de mañana, porque el escritor quiere que su lector sea eterno (y en algún caso lo consigue). Ese lector es la única razón de ser de  la escritura cuando ésta pasa a llamarse “literatura”, hasta el punto de que ´solo podemos llamar buena literatura a aquella escritura que añade un lector nuevo, no una repetición, a la cadena.”
FÉLIX DE AZÚA. Lecturas compulsivas.


“Me sucede a veces, y siempre que sucede es casi de repente, que surge en medio de mis sensaciones un cansancio tan terrible de la vida que ni siquiera se da la hipótesis de un acto con el que dominarlo. Para remediarlo, el suicidio parece inseguro; la muerte, incluso supuesta la inconsciencia, todavía poco. Es un cansancio que ambiciona, no el dejar de existir —lo que puede ser o puede no ser posible—, sino algo mucho más horroroso y profundo, el dejar de siquiera haber existido, lo que no hay manera de que pueda ser.
Creo entrever, a veces, en las especulaciones, en general confusas, de los indios algo de esta ambición más negativa que la nada. Pero o bien les falta la agudeza de la sensación para relatar así lo que piensan, o les falta la acuidad de pensamiento para sentir así lo que sienten. El hecho es que lo que en ellos entreveo no lo veo. El hecho es que me creo el primero en entregar a las palabras el absurdo de esta sensación sin remedio.
Y la curo con escribirla. Sí, no hay desolación, si es profunda de verdad, si no es puro sentimiento, pero participando en ella la inteligencia, para que no exista el remedio irónico de decirla. Cuando la literatura no tuviese otra utilidad, ésta, aunque para pocos, la tendría.”
FERNANDO PESSOA, Libro del desasosiego.


“No quiero decir que debamos mostrarnos "comprensivos" o "misericordiosos" con "la histérica", "la neurótica" o -sin más- "la loca" de Plath. Al contrario: este libro desmiente, cuando menos a mis ojos, todas las patrañas que se han venido vertiendo sobre su cadáver. Son muchas, y aún colean, pero hay dos que me irritan especialmente. Una, la que puso en circulación el crítico A. Álvarez al poco de morir su "amiga": Sylvia Plath era una poeta abocada al suicidio desde la muerte de su padre (la dichosa "Boca de sombra" a la que todos dan de comer). Falso. A diferencia de, por ejemplo, Alejandra Pizarnik -que sí se entregó, creo yo, a un cierto culto funesto- Plath fue una tremenda luchadora que, por encima de todo, ansiaba ser feliz: amando, trabajando, criando a sus hijos y colaborando, en la medida de sus posibilidades, a transformar la sociedad. Una persona que, consciente del trauma que pesaba sobre ella, así como de la ira, del bloqueo, de las diversas pulsiones enfrentadas que aquella fractura de la infancia seguía generando en su interior, hizo y escribió cuanto pudo para salir adelante. Y, salvo en dos ocasiones, siempre con éxito, tal y como lo demuestra su brillantísima trayectoria profesional. Pero ese "invierno terrible" del que habla Rilke en los Sonetos a Orfeo; aquel álgido y caótico invierno de 1962-63, henchido de vacío y de desamor, pudo más que ella, al final.”
XOÁN ABELEIRA, en la introducción a Sylvia Plath, Poesía completa.



Si ser un buen lector también requiere mucho tiempo –y también cierto bagaje cultural que solo se consigue con mucho esfuerzo-, mucho más difícil resulta ser un buen escritor. Diciembre me ha inmerso en un bloqueo absurdo de escritorzuelo, apenas he escrito nada, me he dedicado a leer, trabajar e intentar convencerme de que realmente estamos en Navidad. Ha habido una crisis consumista en forma de nuevo móvil (para los curiosos Xiaomi Redmi Pro), han existido reencuentros sentimentales, charlas a la luz del hogar, cenas familiares, un árbol de Navidad, he disfrutado de la serie WestWorld (si no la habéis visto, hacedlo YA), y algunas lecturas. Últimamente me ha dado por leer los diarios de escritores famosos, el mes pasado terminé el de Pizarnik y ahora estoy embriagado con el de Sylvia Plath. Seria interesante hablar sobre la ética de inmiscuirse en los pensamientos privados de otra persona, pero a fin de cuentas todos los interesados están muertos, y trasiego con ello como si fueran pequeñas clases de escritura creativa. Una de las cosas que me han reconciliado con la poesía al leerlas es comprender lo vulgar y tosca que resulta la pseudopoesía que se edita hoy en día. La vocación, la violencia, la necesidad de escribir que plasma Sylvia en sus diarios es un gigante cuya sombra, cuya presencia, ya hemos olvidado, y que nos hace vivir en una extraña penumbra, que nos hace leer y escribir mal, que nos impide movernos con soltura porque solo aspiramos a lo que podemos ver a dos palmos de distancia; y solo necesitamos mirar hacia arriba para saber a dónde, a qué.

Pero como decía, vivo inmerso en una indolencia endémica, el blog cumple seis años y solo consigo publicar una entrada con mis libros leídos. Qué triste. Es como esa frase de: “el temperamento es destino”; no puedo huir de mí mismo. Supongo que esa pregunta siempre está ahí, ¿qué hacer, cual es el propósito de levantarse por las mañanas, por qué, cómo justificar nuestra existencia, para qué escribir? No quiero divagar, pero me resulta extraño que nadie escriba o se queje de esta vida esclava que llevamos casi todos, llena de explotación, consumismo y alienamiento. Las Navidades son un ejemplo perfecto, yo también he caído en ello, de cómo se ha transformado en una fiesta laica donde se demuestra amor con regalos, y a ser posible con un ticket regalo por si hay devoluciones. A veces me he sentido, mientras esquivaba las avalanchas de gente por la calle, como Sherlock en el segundo episodio de su nueva temporada (nótese de nuevo mi intencionalidad de recomendaros otra pieza de inteligente talento audiovisual), buscando en el infierno la salvación propia y ajena. Pero como decía: la poesía ha muerto y todos tenemos la culpa. ¿Sarco, existes? ¿Batania, existes? 

2016 ha sido un año extraño. Un año de desencuentros, rupturas, y reencuentros con cierta presbicia, con cierta caducidad si no hay reflexión real sobre nuestros errores. Un año de vecinos ruidosos, llamadas a la policía de madrugada, tapones por las noches, de apócope existencial. De leer cien libros y volcarme en los ensayos políticos, económicos, sociales, filosóficos. En adorar a Schopenhauer como un padre intelectual. En entender el presente de mi país, abochornado por su historia reciente –y lejana-, y verme decepcionado brutalmente por esas “izquierdas” que dicen querer lo mejor para nosotros y solo se saben representar a sí mismas. No sé si ahora soy socialdemócrata, un escéptico, un pesimista esperanzado –como diría Monedero-, o un individualista bien informado que mira sin sorna a los libertarios. En cualquier caso, lo único que me queda es aprovechar el tiempo antes de que una máquina me quite mi trabajo, antes de que llegue el guetto y el colapso. Alguno dirá, ¿qué más da? A fin de cuentas nuestras vidas se podrían resumir en la acción constante, rutina en segundo plano, de acumular recuerdos, como si fueran trastos viejos en el ático de la memoria, quizás con la tonta pretensión de ordenarlos y disfrutarlos más adelante, en algunas vacaciones, cuando tengamos tiempo, cuando nos jubilemos. Supongo que es un error muy humano creerse inmortal. Para eso sirve escribir supongo, para ordenar tu pasado, quitar el polvo a tu propia historia, aunque haya sucedido hace apenas unos segundos, y grabarla sobre el papel para poder reflexionar realmente sobre ella, revivirla mientras iluminas ese ático, con la lucidez del ruido del teclado, en esa soledad –permitidme la broma- del Übermensch, que busca la transcendencia en cada pequeño y sutil acto de libertad.
Rorschach Kovacs. En su regreso al blog, buscando algún lector rezagado, 2017.

jueves, 5 de enero de 2017

Rorschach Libros 2017

  1. Leonard Cohen - A mil besos de profundidad (Canciones y poemas 1956-1978)   Entretenido (3) 
  2. Leonard Cohen - A mil besos de profundidad (Canciones y poemas 1979-2006)   Entretenido (3) 
  3. Carlos Taibo - En defensa del decrecimiento (Sobre capitalismo, crisis y barbarie)   Entretenido (3)
  4. Robert Silverberg - Muero por dentro   Entretenido (3)
  5. @SrtaBebi - Amor Y Asco   Mediocre (2)
  6. Joaquín Barañao - Historia freak de la Música   Entretenido (3)
  7. Jean-Paul Sartre - La Puta Respetuosa / A puerta cerrada   Entretenido (3)
  8. Descubrir la Filosofía - J.L. Rodríguez García - Sartre   Excelente (4)
  9. Descubrir la Filosofía - J.A Cardona - Filosofía Helenística   Entretenido (3)
  10. Descubrir la Filosofía - Joan Solé - Schopenhauer   Excelente (4)
  11. Jean-Paul Sartre - El Existencialismo es un humanismo   Excelente (4)
  12. Jean-Paul Sartre - Manos Sucias   Entretenido (3)
  13. Isabel Pisano - Yo puta: Hablan las prostitutas   Mediocre (2)
  14. Alberto Noguera - 2016 en Denia   Entretenido (3)
  15. Hermann Hesse - El Lobo Estepario   Entretenido (3)
  16. Bertrand Russell - La Conquista de la felicidad   Entretenido (3)
  17. Carmen G. de la Cueva - Mamá, quiero ser feminista  Entretenido (3)
  18. Steven L. Kent - La Gran Historia De Los Videojuegos   Excelente (4)
  19. Daniel Glattauer - Terapia amorosa: (Una comedia)   Mediocre (2)
  20. Haruki Murakami - De qué Hablo cuando hablo de correr   Entretenido (3)
  21. Martínez Cantudo Ricardo - La Generación Que Cambió La Historia Del Videojuego   Entretenido (3)
  22. Rupi Kaur - Otras maneras de usar la boca   Entretenido (3)
  23. Doctora Glas - Suicida (no profesional) busca puente   Mediocre (2)
  24. Guillermo Tato - Una Partida Más Y Me Acuesto   Entretenido (3)
  25. Woodfin Rupert - Marxismo: Una Guía Ilustrada   Entretenido (3)
  26. Cryan Dan - Capitalismo: Una Guía Ilustrada   Entretenido (3)
  27. Cristina Peri Rossi - La Barca Del Tiempo      Entretenido (3)
  28. Guinness World Records Especial Videojuegos 2008   Entretenido (3)
  29. Charles Bukowski - Amor   Entretenido (3)
  30. Karmelo C. Iribarren - Pequeños Incidentes (Antología Poética)   Entretenido (3)
  31. Jules Evans - Filosofía Para La Vida   Excelente (4)
  32. Haruki Murakami - De qué hablo cuando hablo de escribir   Excelente (4)
  33. Joaquín Relaño Gómez - Final Round. El legado de Street Fighter   Excelente (4)
  34. Jesús Cintora  - Conspiraciones: ¿Por qué no gobernó la izquierda?   Entretenido (3)
  35. Haruki Murakami - Al sur de la frontera, al oeste del sol   Entretenido (3)
  36. Eduardo García - La lluvia en el desierto. Poesía completa (1995-2016)   Entretenido (3)
  37. Marcos Matacana Martín - Polvo en el aire   Mediocre (2)
  38. Marie Kondo - La Magia Del Orden   Entretenido (3)
  39. André Comte-Sponville - La felicidad, desesperadamente   Entretenido (3)
  40. Roger Wolfe - Días perdidos en los transportes públicos   Mediocre (2)
  41. Noam Chomsky - Cómo Nos Venden La Moto   Excelente (4)
  42. Simone de Beauvoir - La ceremonia del adiós   Entretenido (3)
  43. Pierce Brown - Amanecer Rojo   Entretenido (3)
  44. Nacho Vegas - Reanudación De Las Hostilidades   Mediocre (2)
  45. Luna Miguel - El Arrecife De Las Sirenas   Mediocre (2)
  46. Pierce Brown - Hijo Dorado   Entretenido (3)




Clasificación:
Malo (1) Mediocre (2) Entretenido (3) Excelente (4) Obra Maestra (5)

Rorschach Libros 2016
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