miércoles, 4 de noviembre de 2015

Cataluña: a seis días del estallido.


Quien escuche a Gabilondo sabrá que la deriva independentista lleva años fragúandose, los últimos años bajo el efecto del marianismo, es decir: no hacer nada y dejar que todo se solucione solo. Sin embargo en esta vez esta táctica lo único que ha conseguido ha sido empeorarlo todo creando un escenario bastante surrealista.


Junts pel sí había avisado de que si obtenían mayoría de diputados, aunque fuese por uno, harían una declaración unilateral de independencia, incluso si no lograban mayoría de sufragios. La CUP, por su parte, considera imprescindible obtener la mayoría de votos para que el proceso sea legítimo. Un ciudadano, un voto, que es lo contaría si se tratase de un verdadero referéndum en lugar de unas elecciones autonómicas convocadas en clave plebiscitaria. Naturalmente no han cumplido su palabra: el grupo no independentista sacó más de cien mil votos de diferencia en las elecciones del 27 de septiembre, todo ha seguido adelante. Ahora se dice que el 9 de noviembre se va a votar el inicio del proceso de secesión. La insubordinación del Parlament contra la ley. Van en serio sin mayoría parlamentaria. Me comentaba Tamara que echa de menos en los medios, en internet, en las redes sociales, algún catalán que diga: “eso es una locura, esto no lleva a ninguna parte” solo se ven esteladas, y grandes proclamas de independentismo, pero, ¿y los que no piensan así, dónde están, tanta presión social existe que no se atreven a decir nada?


Mientras tanto la familia Pujol Corleone sigue libre cambiando el dinero de paraíso fiscal, Artur Mas y Convergencia siguen investigados por sus tremendos casos de corrupción –con unas similitudes brutales con PP-Bárcenas-, el paro sube más de ochenta mil personas, la Generalitat comunica a las farmacias que ya no tiene dinero para pagar fármacos, acumulando 300 millones de deuda, etcétera, etcétera. A Rajoy le viene bien todo esto, excelente cortina de humo para no hablar de su propia mierda, reduciendo el juego político a la ruptura de España, a dos bandos: patriotas y secesionistas. Un juego que viene muy bien también a Ciudadanos que ve cómo va ganando votos y disputa el segundo puesto en intención de voto al PSOE. Auguro cuatro años de neoliberalismo rancio de la mano de un acuerdo PP-Ciudadanos si esto sigue así.

Y Podemos en caída libre, desgraciadamente se ha creado la tormenta perfecta para ellos. Por un lado toda la campaña de los lobbies mediáticos de la derecha ha hecho mucho daño, aunque también han sido muy torpes en algunos momentos, como con la declaración complementaria de Monedero. Y aunque su pedagogía política ha servido para tener a Ada Colau, Carmena, Kiqui, las mareas en Galicia… han perdido parte de su radicalidad y frescura, ya no están de moda. Y después de su batacazo en las catalanas, ahora en las elecciones generales se vuelve a polarizar todo en Cataluña, donde tienen un discurso neutro y apaciguador –en contra de la independencia, a favor del referéndum-. Y por último se han negado a formar una coalición ciudadana con Alberto Garzón, lo cual finiquita las aspiraciones de una izquierda real. Desmoralizante.

No sé qué va a suceder. Todo parece un pulso, una partida de póker donde cada uno va de farol, pero, ¿y si ya estamos en la última jugada? Suspensión de autonomía y la guardia civil en las calles lo que provocaría disturbios sociales de gran calibre; o concierto económico catalán y más competencias lo que conllevaría un estado federal discriminatorio de facto, ¿cuál es el futuro que nos espera? Nos rodea mierda de todo tipo: desnutrición infantil, la mitad de los parados sin ningún tipo de subsidio, oligopolios de eléctricas y petroleras, precariedad laboral, desigualdad social, miles de refugiados muriendo en las fronteras de Europa, una crisis que es una gigantesca estafa a la que nos ha sometido un capitalismo en pleno colapso a través del fraude bursátil y la especulación. Pero estamos resignados, entumecidos, “Un tonto sigue un camino, el camino se acaba y el tonto continua”, pensando en banderas, en patrias... ¿Cuándo, y esto vale para todos, empezaremos a pensar en las personas, en defender nuestros derechos y en ese otrora estado del bienestar que teníamos como inamovible?

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