lunes, 27 de octubre de 2014

Soy una isla sombreada de lluvia y juncos de viento. La soledad es esperarte.

La noche se arrodilla sobre el gesto
Como una puta ante otro cliente sudoroso
Todo se marchita
A fin de cuentas todas las heridas tienen un lecho
Sólo tienes que arroparlas con el manto de una cicatriz
O un recuerdo

Estamos aquí pero nadie nos salva
Tengo una piel demasiado fina e ingenua
Para estos pensamientos que ahorcan
En un baile de miedo eterno y contagioso

Y aunque los poemas son interiores que aspiran a vencer a la nada persiguiendo la certeza
Creo que el amor engendra más brusquedad que poesía
A fin de cuentas el deseo es violento por definición, idiosincrasia de fauces de acero

Otro secreto: El talento es hermafrodita
Siempre te abandona en la encrucijada donde discuten el genio y el loco
No mires al cielo, coge el cuchillo y busca en tu interior
Ábrete sin metáforas
Busca el bosque que repta, ahí están las respuestas

Y como un suspiro que se desliza por las grietas del techo
Llega el ángel de ojos azules con su sonrisa desquiciada
Y nos convertimos en uróboros de sudor, carne y saliva

Sí, querida Muerte, cuervo de alas de cristal
Hazme mujer
Préñame con tu paroxismo animal
Prefiero eso a recordar
¿Acaso la flor perfuma los dedos que la cortan?

3 comentarios:

  1. Cicatrices o recuerdos, son trozos mustios, ya, de tu vida... aunque por las noches todo joda más...

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  2. En estas tardes que ya se han acortado, he empezado a leer "Thérese Raquin" de Émile Zola, y en este post tuyo me parece que hay muchas cosas que se acoplan...o quizás no, porque a veces lees e interpretas con lo que ya hay dentro de tu cabeza... Sea como sea, tu escritura siempre me hace pensar...

    Besos.

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